Líderes de redes y plataformas de la sociedad civil compartieron sus observaciones y reflexiones, identificando las posibilidades para enfrentar la pandemia de COVID-19 en una serie de artículos titulada El futuro de la sociedad civil, facilitada por  ICVA  (International Council of Voluntary Agencies).  Puede leer la serie completa de artículos aquí 🔗 https://bit.ly/3dzm26M

Por Sam Worthington, director, de InterAction, miembro de Forus en Estados Unidos.

La comunidad de las organizaciones internacionales no gubernamentales (ONG) se encuentra en una encrucijada. Entre la pandemia del COVID-19, las ONGs con base en EE. UU. siguen siendo muy imortantes. Sin embargo, durante ese tiempo sin precedentes, algunas organizaciones seguirán prosperando mientras que otras fracasarán.  En todo el sector, incluso cuando el sufrimiento humano aumenta, la habilidad para trabajar y aportar valor será cada vez más desafiante.  Ni el poder de los gobiernos ni el del sector privado son suficientes. La sociedad civil ocupa un lugar central en una comunidad fuerte y en la habilidad de la gente para cuidar su seguridad y protección. 

La misión principal de la sociedad civil consiste en hacer que los gobiernos asuman la responsabilidad de las violaciones a derechos humanos; ellos tienen un mandato amplio para proteger y proporcionar servicios a los más vulnerables del mundo. Las ONGs operativas representan una parte esencial de este suministro de servicios. A través de un sinfín de programas en cientos de países, las ONGs actúan como una pieza central en el sistema humanitario global salvando vidas, influyendo en los gobiernos e instituciones para que se enfoquen en la gente, aportando profunda experiencia técnica, apoyando a las poblaciones difíciles de alcanzar, representando los valores de libertad e igualdad y movilizando miles de millones de dólares. 

La pandemia del COVID-19 creó un impacto que muchos, incluidas las ONGs, no estaban preparados a soportar y que resultará en una evolución fundamental del sector. La pandemia ha revelado un resurgimiento del nacionalismo, las profundas grietas en nuestros sistemas económicos y sociales, desigualdad cada vez mayor, el aumento de las respuestas locales y un cierre del espacio cívico. El círculo vicioso de una crisis sanitaria mundial, creando una recesión económica global con aumento en la inseguridad alimentaria, le dará forma a las funciones de las ONGs por décadas. 

En llamadas con líderes de la ONU, las conversaciones giran en torno a la reacción al pico en los casos de COVID-19 esperados en junio y julio en los países más vulnerables del mundo. Muchos ven esta crisis en el contexto de países con capacidades impresionantes. Es posible que recordemos la pandemia como una crísis global sanitaria, social, económica y política que ha revertido una generación de progreso humano en los países más pobres del mundo. A menos que las ONGs, en colaboración con los gobiernos, el sector privado y toda sociedad civil, se pongan a la altura de las circunstancias para ayudar a la población más vulnerable, un retroceso global del progreso humano es probable. 

Mientras que algunas operaciones de campo de las ONGs han parado a nivel mundial, muchas han cambiado su trabajo para adaptarse a las fronteras cerradas, buscando nueva logistica y cadenas de suministro de alimentos. En ese tiempo, las ONGs deben prestar más atención a la colaboración intersectorial y aprovechar las areas locales de conocimiento, aportando ideas inovadoras que pudieran aumentar la movilización rápida. Las prácticas y asociaciones innovadoras de las ONGs creadas durante la pandemia tienen que persistir después de que el mundo empiece a "abrir", ya que es poco probable que, en el futuro cercano, los viajes transfronterizos se restablezcan a las normas antes del COVID. 

La historia demuestra que cuando los países miran hacía adentro para enfocarse en las amenazas internas, el miedo a lo ajeno aumenta dentro de esos países. Mientras que el COVID-19 se difunde por el Hemisferio Sur, el tribalismo, la xenofobia y el racismo se volverán el mantra de líderes que usan la fuerza y  probablemente se dirigirán a las ONGs y sus funcionarios. Como respuesta, las ONGs necesitarán acelerar su tendencia a la localización - no solamente contratando al personal para la implementación de programas, sino también apoyando a la sociedad local y creando las entidades jurídicas que incrementarán la confianza en la comunidad. 

Incluso si se vuelve más complicado trabajar a través de las fronteras, la solidaridad y acción de la comunidad ganan impulso. Las personas se ayudan unos a otros y contribuyen a su comunidad. La idea que debemos cuidar a aquellos de nosotros que están enfermos o necesitados se puede encontrar en todas las religiones, todas las culturas y es vista en todo el mundo. Mientras que los expatriados en todo el mundo continuarán desempeñando papeles fundamentales en un país, los equipos locales, los consejos locales y los socios locales deben volverse la imagen de las ONGs. 

En un entorno turbulento e incierto como el de la pandemia del COVID-19, el espacio para la sociedad civil se cierra y aparecen medidas severas del gobierno. Las ONGs juegan un papel significativo en las campañas de servicio público para aumentar conciencia sobre problemas y apoyar a las organizaciones de sociedad civil que representan a aquellos que no tienen voz. Las ONGs deben ayudar a llenar el vacío informativo, combatiendo la desinformación e información incorrecta que se presenta cuando los líderes tienen miedo. 

Mientras la comunidad de las ONGs intenta encontrar el equilibrio en ese panorama cambiante creado por el COVID-19, una cosa no puede cambiar: la necesidad de transparencia. Cuando el trabajo de las ONGs está a la luz, se ayuda a crear la confianza de la comunidad, inspirar la seguridad en el trabajo y aumentar la estabilidad a largo plazo. Cuando los programas de las ONGs son transparentes, la responsabilidad con las comunidades y la gente a la que sirven, aumenta. 

Los objetivos de desarrollo sostenible (ODSs) son universales en su alcance y mandato; se aplican a todos los países, sean pobres o ricos. La naturaleza global de la pandemia del COVID-19 vendrá con réplicas que incluyen hambre, miedo, pobreza, violencia de género y sistemas sanitarios saturados. Las ONGs con alcance internacional trabajarán cada vez más desde casa, aquí en EE. UU.,trayendo lecciones del extranjero para afrontar las enfermedades, la pobreza, el hambre y la desigualdad en América. Las soluciones que las ONGs busca son universales. 

La adaptación de programas y la creación de nueva programación para combatir la pandemia no vienen sin un costo monetario. La pandemia del COVID-19 brindará algunas de las oportunidades de financiamiento más sustanciales del gobierno estadounidense. Sin embargo, estas inversiones podrían llevar el sector en una dirección insostenible. Con el tiempo, las realidades económicas detendrán el flujo recursos nuevos. Mientras que las ONGs grandes seguirán creciendo, las ONGs medianas tendrán que explorar un amplio rango de opciones, desde fusiones hasta empresas sociales, para sobrevivir y prosperar. Muchos afrontarán vientos desfavorables y algunos cerrarán. 

Conforme todos nosotros nos ajustamos a la realidad que esta pandemia requirió, una oportunidad ha surgido para volvernos más ágiles e innovadores. Una crisis nos brinda un momento para adoptar nuevas formas de trabajo, incluyendo nuevas alianzas, compromisos con agentes locales y enfoques de manejo adaptativos. Las ONGs internacionales están entre los sectores más regularizados y sólidos dentro de la sociedad civil; el sector sobrevivirá. La cuestión es si las ONGs se atreven a ajustarse a ellas y adaptar su programación general para ser tan relevantes e impactantes como sea posible durante esa pandemia. Ser valiente es un riesgo, pero este es un riesgo que debemos tomar.

Imagen de Lívia Koreeda