Líderes de redes y plataformas de la sociedad civil compartieron sus observaciones y reflexiones, identificando las posibilidades para enfrentar la pandemia de COVID-19 en una serie de artículos titulada El futuro de la sociedad civil, facilitada por  ICVA  (International Council of Voluntary Agencies).  Puede leer la serie completa de artículos aquí 🔗 https://bit.ly/3dzm26M

Por Tanya Cox, Directora de CONCORD Europe, miembro de Forus

La cooperación internacional, en principal la cooperación de desarrollo, ha estado evolucionando durante varios años hacia un enfoque más orientado al beneficio mutuo. Es cierto que a menudo los donantes han acumulado beneficios bastante importantes. En el contexto de la Unión Europea, estos cambios parecieron acelerarse con la nueva Comisión Europea "geopolítica" que asumió sus funciones en diciembre de 2019. La cooperación de desarrollo se convirtió en una "asociación internacional", con un enfoque en inversión estratégica que proporciona "precio y calidad". Ante esta situación, la Sociedad Civil se preguntó cuál era su lugar. En CONCORD, la Confederación Europea de organizaciones de sociedad civil que trabaja en el desarrollo, decidimos involucrarnos en este asunto de inmediato. 

Pero luego, la llegada de la pandemia del COVID-19 arruinó nuestros mejores planes. ¿Una gran amenaza? ¿O una gran oportunidad? 

Las sociedades civiles y los gobiernos (o grupos de gobiernos, como la Unión Europea), en general, no encuentran "asociaciones" con facilidad. Las organizaciones de sociedades civiles se rigen por objetivos, no por crecimiento económico o por beneficios. Nuestras bases apuntan a los valores y a los derechos, no a los intereses. Nos centramos en alcanzar a un grupo muy discriminado y difícil de acceder, que no ofrece necesariamente "calidad y precio", y no se presenta muy "geopolítico". Es por eso que nos etiquetan como soñadores utópicos y poco realistas, o como una espina que necesita, en el mejor de los casos, ser ignorada; y en el peor de los casos, silenciada. Si este no fuera el caso, ¿por qué el espacio de la sociedad civil se reduciría? Aun más ahora que el COVID-19 ha atacado. 

Sin embargo, si se desafía a las sociedades civiles, también se desafía a la democracia y a la toma de decisiones en conjunto; a la igualdad, a la cohesión social y a la no discriminación; así como a la transparencia y a la responsabilidad, en especial aquellas que se relacionan con posiciones de poder. Eso no se puede permitir. 

Europa y el mundo han enfrentado una crisis que atenta contra la vida. Muchos países, regiones y ciudades han declarado estado de emergencia o han solicitado facultades extraordinarias para prevenir la difusión del nuevo Coronavirus, acelerando así el proceso de toma de decisiones y la distribución de recursos. No obstante, la concentración de  poder no debería conducir, en ningún caso, a su abuso. Es fundamental que las facultades conferidas en casos de emergencia sean ejercidas solo con los objetivos especificados para los cuales fueron asignadas. Por lo tanto, es aún más importante que la sociedad civil continúe ejerciendo su rol de defensora de los derechos y libertades humanas. 

Esta crisis en particular, o al menos nuestra respuesta ante ella, también desafía nuestro estilo de vida. Como consecuencia de la propagación de la pandemia del COVID-19 en Europa, los gobiernos están previniendo asistencias masivas para preservar empleos y sustentos, para apoyar a los sistemas de salud en dificultad y también para reforzar la protección social de los más afectados por la crisis. ¿Por qué la urgencia repentina? Porque en las últimas dos o tres décadas, en lugar de invertir en nuestro sistema social, los gobiernos se han preocupado por la disciplina fiscal, que en la práctica equivale a recortar el suministro de servicios públicos y aumentar las desigualdades inherentes en la sociedad. Ahora estamos, en varios países de Europa, pagando las consecuencias de aquellas decisiones. Y también lo harán otros gobiernos en otros lugares, si el COVID-19 se propaga como en Europa. La diferencia es que en otras regiones, como en África, la decisión de centrarse, en mayor medida, en la prestación de servicios privados en vez de en servicios públicos, fue impuesta por otros, como el Banco Mundial y el FMI. 

De este modo, como los gobiernos tienen que cambiar de dirección e invertir en nuestros sistemas sociales de manera urgente, ahora es más que nunca el momento de que la sociedad civil sea Proposicional. Política. Oportunista. Y de ir más allá de nuestro labor natural como proveedores de asistencia a las comunidades en tiempos de necesidad. Ahora es momento de reclamar una transformación de nuestros sistemas políticos, económicos y financieros. Ya no podemos aceptar que nuestros gobiernos pongan al crecimiento económico y a la acumulación de riquezas para una minoría por encima del bienestar de la gente y del planeta. De a poco, la gente está empezando a comprender que el riesgo no es un simple "efecto secundario", sino el resultado de decisiones políticas específicas tomadas por quienes están en el poder. Es posible que las mismas sociedades sean más conscientes ahora del peligro del sistema actual y, en consecuencia, más receptivas a ideas para generar un cambio. La sociedad civil debería generar conciencia, estimular el pensamiento crítico, ofrecer soluciones y promover ciudadanos activos. Ahora es el momento de unir a la sociedad civil, para construir ambiciones en común. 

CONCORD ha trabajado, durante las últimas décadas, en el cambio sistemático y ha aumentado sus esfuerzos para convencer a los creadores de políticas de superar su obsesión con el PIB, teniendo en cuenta los daños que ha causado en nuestra sociedad. Nos hemos encargado del asunto y estamos investigando y reflexionando sobre el impacto que el COVID-19 tendrá en las desigualdades alrededor del mundo, y en nuestros esfuerzos de no excluir a nadie. 

En adelante, la sociedad civil tiene una responsabilidad aún mayor hacia las personas que queremos representar: la de recordarles a los gobiernos que sus decisiones pueden tener graves consecuencias. Además, a medida que Europa entra en la llamada recesión económica, debemos tener en claro que los gobiernos deben darle la espalda a las medidas de austeridad. ¡No están salvando sus deudas! Tampoco la competencia y los juegos de poder. ¡El coronavirus no conoce de límites y no respeta las reglas de libre mercado! 

Este es el momento para que pongamos a las personas y al planeta como prioridad. A fin de cuentas, ese fue el asunto principal en la Agenda del Desarrollo Sustentable que todos firmamos en 2015. Debemos convertir lo que podría ser una gran amenaza en una oportunidad para lograr un cambio transformador en nuestras formas de pensar y actuar. Solidaridad, justicia e igualdad deberán ser, de aquí en adelante, el nombre del juego. 


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